Empezamos por un pequeño ritual que se nos quedó corto
Velora nació de algo muy sencillo: esos minutos después de la ducha que dedicamos solo a nosotras mismas. Buscábamos una textura agradable, con una sensación de calor que invitara a quedarnos un rato más, y no la encontrábamos vendida como es debido en España — fórmulas con promesas exageradas, envíos desde fuera que tardaban semanas, y ninguna forma de pagar sin dar la tarjeta a una tienda desconocida.
Así que decidimos hacerlo nosotras: elegir el producto, probarlo en nuestra propia rutina, traerlo a un almacén en España y ofrecer el contra reembolso como forma de pago principal, para que puedas pedirlo con la misma confianza que si lo compraras en tu barrio.
Hoy seguimos con el mismo criterio: hablar claro sobre lo que un producto cosmético puede ofrecer —una textura, una sensación, un momento— sin prometer nunca lo que no puede cumplir.